
Creo que a estas alturas está claro que este blog no se llama así porque es mi nombre en alemán. Es mas bien una forma de rendir homenaje a ese ser gigantesco llamado Ludwig van Beethoven. Algunos admiran a los grandes escritores, otros a eminentes políticos o a insignes héroes de la historia, yo admiro a Beethoven. No recuerdo cuándo fue la primera vez que lo escuché. Mi madre me cuenta que ya en el vientre notaba mis movimientos con la Sexta Sinfonía. La "Pastoral", así denominada, es una de sus más celebradas composiciones y aún hoy crea en mí esa atmósfera de sosiego, de paz bucólica, de felicidad y de comunión con la naturaleza que, es evidente, fueron las intenciones de su autor. Qué diferencia con la Quinta, esa obra sombría y poderosa conocida por todos y que trasmite una energía dificil de alcanzar por cualquier otra, cara y sello de un genio inigualable. Lo que sí recuerdo es la primera vez que tomé en mis manos un disco de Beethoven, niño aún en los tiempos del vinilo. En la tapa del "Concierto para violín y orquesta" aparecía un personaje amargado, de ojos que reflejaban una intensa ira contenida y amenazaban a quien osara mirarlo de frente. Superada esa primera impresión pude colocar el long play cuyos surcos guardaban una música tan extraordinaria, con unos primeros compases que semejaban suaves golpes a un portón que al abrirse me descubrieron un mundo totalmente diferente, donde el tiempo estaba detenido, lleno de imágenes sonoras, que después hallé también es sus otras sinfonías, en su monumental Novena, en sus sonatas de piano. En aquella época escuché a un atrevido locutor de radio decirle a sus oyentes "no te quedes, no escuches esas radios que ponen música de siglos pasados y compositores muertos, aquí está la moda". Lo que son las cosas, este tipo ya está muerto, o lo que es peor nadie lo recuerda, mientras Beethoven y su música siguen vigentes, a casi dos siglos de haberse hecho inmortal, y continuará así mientras el hombre tenga alma. Porque en la obra de este coloso de Bonn confluyen tal pasión, poderío y sublimidad que no queda más que rendirse ante lo que seguramente es la cúspide de la creación humana.
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