La última vez que jugó Teófilo Cubillas fue la primera vez que lo vi en la cancha. Mi padre, hincha del "Nene", me llevó al estadio para ver en vivo a ese héroe de azarosas batallas en el grass. No vestía la camiseta nacional, como yo esperaba, sino la blanquiazul de sus amores, la misma que al año siguiente un grupo de ídolos clavaría en el fondo del mar de Ventanilla, para dolor de medio Perú. El Cubillas "íntimo" que corría de un extremo a otro del verde gramado no era el mismo que vi tantas veces en blanco y negro en la sala de mi casa, pero igual una multitud fervorosa lo ovacionaba desde las tribunas. Incluso cuando hizo un gol de penal, el que coronó el partido oficial de despedida de nuestro más célebre número 10.
domingo, 21 de febrero de 2010
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