martes, 23 de febrero de 2010

Ejercicio 7 - 1


La noche que lo secuestarían con otras 300 personas, el canciller Francisco Tudela se vistió con su mejor terno para asistir a la recepción en la embajada japonesa. Había cancelado varias reuniones pactadas desde la semana anterior y comentó a su esposa que estaría de regreso en un par de horas, luego de la cena de gala en honor al embajador. Ese detalle fue recordado por su mujer, diez años después, que aquella madrugada se quedó esperándolo hasta que alguien le avisó que el hombre con quien compartía su vida era el principal rehén del MRTA.

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